Sarvangasana – La postura de la vela

Sarvangasana

Postura de la vela o postura sobre los hombros

En sánscrito SAVA significa "todo" y ANGA significa "cuerpo" por lo que este asana pone en acción todo el organismo. Muchos yoguis consideran esta asana como la "madre" de todas las asanas, junto con la postura sobre la cabeza (sirshana), a la que consideran el "padre".  Sarvangasana también se conoce en español con el nombre de postura de la vela, nombre que expresa magníficamente las características de verticalidad y estiramiento hacia arriba que son la esencia de esta postura. 

Un gran beneficio de esta asana es que logra que el cuerpo reciba radiaciones y energias opuestas a las que normalmente recoge. Con ella se invierten las energías negativas procedente de la tierra y las positivas procedentes del cielo.

Tipo de Asana  Invertida 
Posición  Tumbado boca arriba 
  • Mejora la circulación sanguínea en todo el cuerpo.
  • Armoniza el funcionamiento de las glándulas tiroides y paratiroides.
  • Estimula el funcionamiento del aparato digestivo.
  • Equilibra el sistema nervioso y tiene un efecto sedante sobre él.
  • Ayuda a la eliminacion de sustancias nocivas de la sangre y deja la piel luminosa y elástica.
  • Es muy útil para combatir algunas enfermedades como: asma, bronquitis, elefantiasis, varices, hemorroides, diabetes etc.
  • Equilibra la actividad de ida y pingala.
  • Estimula la actividad de vishuddhi chakra.

 

No debe practicarse sarvangasana si se padece alguna afección seria de hígado, bazo o corazón y en caso de tiroides inflamadas y tensión alta.

También hay que descartar esta postura cuando existan dolencias agudas de la cabeza o el cuello, infecciones bucales, otitis, anginas, etc.

Tampoco es recomendable practicar esta postura durante la menstruación.

Sarvangasana se realiza preferentemente al principio o al final de la sesión. Durante los primeros días de practica mantener la postura unos segundos. Cuando el nivel es ya más avanzado se puede llegar a mantener hasta diez minutos. Si se practica dentro de una sesión de asanas de 3 a 5 minutos esta bien.         
  1. Túmbate sobre la espalda con las piernas estiradas y los pies juntos. Los brazos extendidos a lo largo de los costados, con las palmas de las manos apoyadas contra el suelo. La zona lumbar bien apoyada en el suelo, las cervicales estiradas, el mentón recogido y la mandíbula relajada.

  2. Inspira y a continuación, espirando, eleva las piernas hasta que formen un ángulo recto con el tronco.

  3. Vuelve a inspirar y luego, espirando, eleva las nalgas y la espalda con la fuerza de la cintura y presionando con las manos en el suelo, llevando las piernas hacia atrás y hacia arriba. Endereza el tronco y las piernas hasta que el cuerpo quede lo más vertical posible. Flexiona los codos y coloca las manos en el centro de la espalda, cerca de los omoplatos. Con la ayuda de las manos estira verticalmente al máximo el tronco y las piernas. El esternón se aproxima al mentón. El peso del cuerpo recae sobre la zona occipital de la cabeza, la nuca, los hombros y los brazos.

  4. Para ajustar y afianzar la postura, baja la pierna derecha muy estirada por detrás de la cabeza, si puedes hasta que el pie llegue al suelo. El movimiento ha de ser lento, suave, regular, sin tirones. No permitas que la espalda se redondee. Mientras la pierna izquierda esta estirada, vertical y en línea con el tronco. Después de una breve pausa, inspira y eleva la pierna derecha hasta la posición vertical y repite el proceso con la pierna izquierda. Notarás ahora que la posición es más vertical y cómoda. 

  5. Para deshacer la postura, regresa a la posición de partida dejando que las piernas caigan ligeramente hacia la cabeza y apoyando las manos en el suelo. Sujetándote con las manos y con la fuerza de la cintura, ve bajando la espalda sobre el suelo vertebra a vertebra, hasta que las nalgas alcancen el suelo. Finalmente baja las piernas lentamente hasta que lleguen al suelo. Cuando estés en la postura de relajación, sacude un poco los hombros para que queden sueltos y deja que la cabeza caiga por su propio peso hacia ambos lados, de oreja a oreja, un par de veces.

  • La base de la postura ha de ser simétrica.

  • En la postura final las manos presionan firmemente la espalda obligando a que el esternón quede en contacto con el mentón.

  • El peso del cuerpo descansa sobre la zona occipital de la cabeza, los hombros, los brazos y los codos. El cuello permanece relajado y bien estirado en su zona posterior.

  • Los codos se aproximan entre si al máximo y los hombros se alejan del cuello.

  • Hay que intentar que todo el cuerpo quede vertical, de manera que las piernas y el tronco formen una línea recta perpendicular al suelo. Cuando se consigue la verticalidad total, se establece un equilibrio perfecto y desaparece el tirón gravitacional, lo que permite permanecer en esta asana sin ningún esfuerzo. La práctica regular flexibilizara suficientemente el cuello y la espalda.

  • Hay que prestar atención a la relajación en la postura de la vela, pero para conseguir una mayor verticalidad habrá que mantener activas las nalgas y la musculatura posterior de los muslos, así como elevar las caderas, meter la pelvis y estirar las piernas y los pies hacia arriba.

  • La asana debe reunir dos cualidades: firmeza y comodidad.

Matsyasana o postura del pez es la contrapostura ideal para sarvangasana.

En la fase estatica observa la respiracion abdominal y relájate al máximo.

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